Eficiencia energética en las empresas

Eficiencia energética en las empresas: el valor de la digitalización

La digitalización es la clave para lograr la eficiencia energética en las empresas y emprender el camino de la transición energética. Decir esto hoy es especialmente importante dada la difícil situación geopolítica y la consiguiente necesidad de centrarse en las opciones energéticas fundamentales. Opciones que no sólo pasan por un suministro adecuado de gas, sino por un mayor desarrollo de las fuentes renovables y la concienciación (y difusión) de la eficiencia energética, no sólo a nivel residencial, sino también comercial e industrial.

¿Cómo se puede conciliar la legítima necesidad de contar con un suministro regular de energía y, al mismo tiempo, optimizar la que ya existe? Nos reunimos con Luca Pauletti, director general de Belimo Italia, que forma parte de la empresa suiza, un actor mundial en el desarrollo, la producción y la venta de dispositivos de campo para el control de la eficiencia energética de los sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado.

Empecemos por la transición energética: ¿qué significado tiene hoy este término?

La transición energética nació como una de las respuestas para reducir el calentamiento global y combatir el cambio climático. Hoy en día, adquiere una connotación aún más sentida debido a las conocidas cuestiones geopolíticas.

Sin embargo, hablar sólo de transición energética es desconocer la realidad de forma objetiva. De hecho, no se puede olvidar que la energía significa transformación de la materia y que una planta, sea cual sea (de renovables o no) alguien tiene que aceptarla en su territorio. Los paneles fotovoltaicos en el tejado no son suficientes, por mucho que contribuyan a la producción.

Además, pocos recuerdan que la actividad industrial más fuerte en Italia es la fabricación, que requiere un importante consumo de energía. Al igual que los desplazamientos en coche, o la calefacción de los hogares y las oficinas. Por ello, hoy en día la cuestión de la energía se convierte cada vez más en la de la insostenibilidad de la producción. Hay actividades de producción que están paralizadas hoy en día (en la industria del papel, por ejemplo, el 30% de las actividades están paradas o ralentizadas – nda) debido a esta situación.

La transición energética tiene el mérito de haber aumentado la percepción del sistema de abastecimiento, que, sin embargo, debe abordarse de forma integral. En este sentido, el almacenamiento de energía también forma parte del debate, pero también la necesidad de contar con una producción de componentes que no dependa tanto de países no comunitarios.

Otro aspecto, igualmente importante, es el de la eficiencia, la energía en la empresa, pero no sólo. Es una cuestión que también está relacionada con la necesidad de un cambio de hábitos personales y empresariales en todos los sectores. Pensemos en la calefacción urbana: se ha hecho mucho en los centros de las ciudades, pero es bueno recordar que Italia tiene importantes necesidades tanto de calefacción como de refrigeración. Hay que pensar en el gasto energético de las soluciones de climatización, cada vez más extendidas.

Necesitamos una mayor eficiencia e inteligencia en el consumo, que no puede separarse de un uso inteligente de la tecnología.

Por tanto, también es necesaria una mayor digitalización para gestionar mejor la energía

La digitalización significa hablar de la importancia de los datos y de su valor reconocido. Hay que recoger y leer los datos para transformarlos en información útil para la prestación de servicios. Hay tres aspectos fundamentales: la disponibilidad de los datos, su transmisión y su fácil acceso y lectura.

La digitalización permite recoger una gran cantidad de datos, pero su eficacia se mide en la capacidad de combinar su enorme valor con la posibilidad de hacerlos utilizables para los usuarios. En el ámbito de la energía, el Decreto Legislativo nº 73 de 14 de julio de 2020 estipula que, a partir del 25 de octubre de 2020, todos los nuevos contadores de energía térmica MID instalados en los edificios deben permitir la lectura a distancia. Además, a partir del 1 de enero de 2022, estos dispositivos deberán proporcionar a los usuarios finales información sobre su consumo al menos una vez al mes (y ya no sólo una vez al año), lo que permitirá un mayor conocimiento de sus “hábitos energéticos”. Este es un primer paso, pero importante, que introduce el tema de la digitalización en el mundo de la energía.

Por supuesto, como contrapartida, la digitalización conlleva una avalancha de datos e información que puede crear confusión e inseguridad en el usuario final.
Sin embargo, precisamente por esta alta disponibilidad de datos, se están desarrollando fuertemente las tecnologías basadas en la Inteligencia Artificial (por ejemplo, Machine Learning), que permiten sugerir incluso al usuario menos experto cuáles son los comportamientos más virtuosos y eficaces para el uso sostenible de la energía.

¿Cuál es el papel de la tecnología, sus beneficios y su potencial?

Ningún proceso puede mejorarse si no se mide primero. Por lo tanto, la medición no es simplemente una opción para ahorrar dinero, sino el punto de referencia para cualquier opción de gestión y eficiencia energética, así como de producción. Desde la temperatura hasta la calidad del aire interior, pasando por los conceptos “inmateriales” de bienestar y confort, la cuestión de cuantificar y medir estas magnitudes invisibles es crucial. La digitalización también entra en juego aquí, ya que se producen masas considerables de datos que pueden ser recogidos, enviados y compartidos con quienes participan en el proceso de medición.

Pensemos, por ejemplo, en cómo ha cambiado el valor de la medición en la construcción de viviendas: mientras que hasta hace unos veinte años sólo teníamos una vaga idea del grado de aislamiento de una casa, a partir de la presencia o ausencia de un abrigo, hoy nos referimos a su rendimiento con unidades de medida específicas, parámetros que pueden medirse y sobre esta base pueden compararse.

Esta concienciación es ahora posible y ampliable en cuanto a la posibilidad de eficiencia, empezando por la parte eléctrica hasta la térmica (y en parte la del agua), gracias a herramientas cada vez más avanzadas como los contadores inteligentes.

La concienciación, también en lo que respecta a la medición de la energía térmica en el sector residencial, puede llevar a una reducción del consumo medio -subraya la ENEA- de alrededor del 30%. Este es un excelente ejemplo de eficiencia energética. Pero aún queda por hacer para aumentar esta conciencia con el fin de optimizar el consumo. La medición es clave en esto y la digitalización hace que esta conciencia sea cotidiana.

¿Qué importancia le da Belimo al concepto de medición?

Puedo partir de la experiencia de Belimo y de lo que se ha pensado e implementado en todos los productos fabricados a lo largo del tiempo, desde los actuadores hasta los contadores: el tema de los datos y la digitalización ha sido siempre un pilar fundamental. Fuimos de los primeros en introducir la comunicación por BUS, que proporciona un canal de información bidireccional.

La cultura de los datos en Belimo es fundamental, pero lo es partiendo del concepto de que son propiedad del usuario: este aspecto esencial ha encontrado una digna expresión en los contadores de energía térmica y en las válvulas de energía, ya que los datos recogidos se ponen a disposición del usuario de por vida y de forma gratuita. No hay costes ocultos en la utilización de los datos: el dispositivo proporciona una medición de los mismos, debidamente recogida y transmitida en la nube, y los hace accesibles, sin costes añadidos.

Gracias a su registrador de datos, el producto registra todos los datos en la memoria interna del dispositivo durante muchos meses, que, una vez conectados a través de Internet a la Nube de Belimo, se ponen a disposición de los usuarios, instaladores, ingenieros de mantenimiento y administradores de edificios a través de un panel de control sencillo e intuitivo.

¿Puede dar un ejemplo de las ventajas de esta filosofía?

Un ejemplo sencillo de la utilidad e importancia de la gestión de datos para la eficiencia lo puedo dar personalmente, como usuario directo de la tecnología en el uso doméstico. Empecemos con un concepto: hoy en día, las bombas de calor o las calderas de condensación son muy populares, pero para garantizar su alta eficiencia energética, es esencial medir y asegurar que el “Delta T”, es decir, el diferencial de temperatura entre el flujo y el retorno en el generador de calor, se mantenga dentro de ciertos valores.

Como los medidores de energía térmica de Belimo devuelven datos de ΔT, puedo confiar en un instrumento que puede controlar no sólo la energía, sino también este diferencial. Esto me ha permitido llevar a cabo diversas mejoras en el sistema, medir su efecto y permitirme gestionar mejor las necesidades energéticas (calefacción y producción de agua caliente sanitaria). A nivel macro, esta gestión optimizada de la energía y el calor ha mostrado resultados significativos en términos de eficiencia y ahorro energético.

Hay un caso de aplicación, en particular, en la biblioteca del MIT en Boston, donde se aplicaron contadores de calor con válvulas integradas, es decir, las válvulas Belimo Energy, hace diez años, lo que permitió ahorrar un 70%, también gracias a la gestión digital e “inteligente”. Gracias a la válvula de energía (así como a la posibilidad de basarse en los datos) es posible, por tanto, mejorar la eficiencia de forma activa.

 

 

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